
Debo reconocer que, fuera del stroganoff de pollo, no conozco nada de la gastronomía rusa, algo que debe ser remediado. Por eso, al hojear una guía de restaurantes de Lisboa en la búsqueda de uno para cenar me dejé seducir por la recomendación de Tapadinha, un restaurante ruso situado cerca de Alcántara.
El lugar, desde fuera, parece de todo menos un restaurante. De hecho, cuando llegas tienes que llamar a la puerta para que dejen pasar y la primera impresión es muy oscura. Se recomienda llevar reserva.

El resto era plato común en los entrantes portugueses, queso fresco y aceitunas. Recordad que esos entrantes no son gratis, se pagan aunque no hayan sido pedidos, así que si no los queréis no tengáis vergüenza en solicitar que os los retiren.

Tras consultar unas originales y enormes cartas, siguiendo las recomendaciones del día y buscando probar sabores nuevos, pedidos dos ensaladas de entrante un pelín diferentes.

Los segundos fueron escogidos por nuestra camarera y acertó de pleno!!!
Tomamos un aromático stroganoff de chocos y rollitos de carne. Cada bocado fue un placer, ambos platos venían con varios acompañamientos (destacaría las patatas confitadas del plato de carne) que hacían que la experiencia fuera un juego de sabores. Quedamos tan llenos y satisfechos que no hubo espacio para el postre.


Sin duda, mi primer acercamiento a la cocina rusa fue un éxito.
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